A menos kilos más energía

Al seguir un régimen, la fuerza y la moral bajan considerablemente deprisa, situación que acaba por hacernos perder la paciencia y avandonar la báscula.

Los régimenes cansan, es cierto, por lo general pasamos de la abundancia calórica y comida basura a raciones raquiticas para seres herbívoros que al final lo único que conseguimos es sacrificar nutrientes vitales para nuestro organismo.

Cuando seguimos un régimen severo estamos poco alimentados, incluso en algunos casos desnutridos e incluso al borde de un ataque de nervios. Por lo general nuestro cuerpo no dudará en dirigirse a nuestros órganos para conseguir el combustible necesario y esto por lo general puede provocar hipoglucemias, bajadas de tensión y pérdidas musculares. nuestra tasa de serotonina, la hormona del buen humor, descenderá convirtiéndonos en seres susceptibles ante cualquier situación. Al final como en el 98% de los casos, acabaremos tirando la toalla. La solución no radica en pasar hambre sino en comer bien y las cantidades justas que nuestro cuerpo necesita para funcionar.  
 
Un principio básico de un buen régimen es no eliminar de nuestra dieta los suplementos proenergéticos como las proteinas naturales (pescado, aves, carne, lácteos y huevo) ya que estas se encargan de dárnos la energía que nuestros músculos necesitan para no fatigarse de manera extrema.

Es muy importante reducir al mínimo los lípidos, pero no hay que suprimirlos ya que estos transportan las vitaminas  al organismo y algunas no pueden ser asimiladas sin ellos. Distintos estudios demuestran incluso que se adelgaza mejor con un consumo bajo en lípidos.

Durante la fase inicial de la dieta deben reservarse los glúcidos lentos y las féculas (pan, arroz, pasta, patata, lentejas...) para el desayuno ya que nos recargarán las baterías para todo el día. También se recomienda ingerir mucha verdura al vapor y ensaladas, vigorizante y con una alta concentración en minerales y vitaminas.

Elegir frutas estimulantes con un índice glucémico bajo, como las manzanas, los kiwis, naranjas... Y muy importante, no saltarse nunca el desayuno tonificante ya que evita el bajón al mediodía, gracias a la sinergia de lípidos, glúcidos lentos y fruta.

Otro aspecto a tener muy en cuenta es optar por meriendas dulces y proteínicas, constituyendo la mejor arma para resistir las tentaciones de media tarde y mantener una moral inquebrantable que te permita resistir hasta la hora de cenar sin ansiedad.

Hay que seguir una regla de oro muy importante: olvidarse del pan blanco, purés y galletas..., que proporcionan un subidón de energía pero son efímeros y dan rápidamente paso al hambre y a la fatiga, debido a una fuerte subida de glucemia así como un repunte de insulina, sin contar que la insulina convierte los azúcares en grasa y va directamente a los adipocitos.



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